En la tecnología de agitación, suele haber dos tipos de flujo decisivos para el proceso de agitación y que deben tenerse en cuenta en consecuencia: laminar y turbulento.

¿Qué son los flujos laminares y turbulentos?

En los flujos laminares, el medio fluye en capas que no se mezclan entre sí. Las capas se deslizan unas junto a otras. Esto ocurre sobre todo a velocidades de flujo bajas. Ejemplos de flujos laminares son el flujo de sangre en el cuerpo humano o el flujo de aguas subterráneas.

Si se aumenta la velocidad del flujo, se producen turbulencias irregulares en las tres dimensiones. La estructura en capas se disuelve. El intercambio de partículas se vuelve cada vez más caótico y se intensifica a medida que aumenta la velocidad. Este efecto suele verse favorecido por instalaciones en el depósito agitador, los llamados deflectores. Ejemplos de un flujo turbulento son la leche vertida en el café o los remolinos y torbellinos en un río.

¿Agitación laminar o turbulenta?

De las explicaciones anteriores se deduce que la mezcla o la distribución del calor dentro de una mezcla tiene lugar más rápida y eficazmente con flujos turbulentos que con flujos laminares. Por tanto, siempre es una opción si la mezcla reacciona de forma insensible al flujo y a cualquier fuerza de cizallamiento. Por el contrario, el flujo laminar tiene un efecto más suave sobre la mezcla. Por tanto, las sustancias sensibles deben agitarse de forma laminar.

Flujo laminar

Flujo turbulento

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